Veo un mundo, que resulta ser mi mundo. No estoy sola en él, aunque casi siempre lo parezca. Hay mucha gente, todos parecen tener muchos problemas y estar muy ocupados; será por eso que no tienen tiempo para los demás. En ese mundo se está acompañado y solo a la vez. Las personas ven pero no miran, oyen pero no escuchan, saborean, tocan, huelen pero no se paran a disfrutar de lo que tienen. Entre tanta persona descontrolada que no es capaz de dirigir su propia vida y que dice que no se encuentra, observo a una chica, una adolescente. En este mundo del que os hablo a ellos se les ve como seres aparte, todos los adolescentes hacen cosas sin sentido, explican el resto de los habitantes con un tono muy seguro. De esta chica destacan sus ojos, todos están de acuerdo con ello; sus ojos destacan pero no ven más allá de sus pupilas. Yo en ellos veo cansancio, sabiduría, respeto, inseguridad, indecisión, madurez, seriedad y mucho más que si ella no apartara la mirada yo podría descubrir. No tuvo una vida fácil, observo en su manera de comportarse; pero ni la vida ni la gente suele ayudarla. Ella ,sin embargo, nunca se rinde e intenta demostrar, aunque a veces se engaña ella sola, que es capaz de todo y más, que no guarda rencores. Es muy fuerte y lucha contra todos por lo que quiere. Es fuerte pero también se cansa y piensa que tal vez todo esto sea innecesario; es humana y al igual que el resto se debilita y flaquea. Ella también quisiera, pero es diferente y no se permite tener esos descansos en los que los demás viven constantemente. A veces, cuando se siente muy mal, agotada por tanta lucha, cuando su vida parece no cambiar, las cosas no varían, se siente muy sola, nadie la escucha... cuando no quiere seguir, su único deseo sería hacerse invisible y entonces viene a esta habitación donde su única compañía es ella misma y mira al mundo a través de una ventana con los cristales empañados por sus lágrimas. Aquí nadie puede hacerle daño, nadie más que ella, sus recuerdos y deseos. En este lugar no hay amores imposibles por los que sufrir, no hay más humillaciones, no hay falsos amigos con una única preocupación, humillarla,... Es un lugar donde reina la tranquilidad, el paraiso de los sueños. Pero esa chica echa de menos su día a día, su lucha continua, su afán de superación, el demostrar que ella puede y entonces toma fuerzas de donde no las hay y cruza ese cristal queriéndose comer al mundo, o por lo menos aparentarlo. Esa chica soy yo, la misma a la que no ven y que escribe por el simple hecho de que su historia quede reflejada en un papel que quizas no lea nadie o tal vez si, ya que éste es su amigo más fiel, el que siempre la escucha aunque no le conteste. Miren a través de sus ventanas y busquen más allá de lo cercano, más allá de lo visible, más allá de las apariencias, busquen en los lugares más ocultos porque allí estará lo más verdadero; y no olviden buscar en su interior...